Historia del IAIC

Historia del IAIC

Si hubiera que concretar una fecha a partir de la cual nacen los institutos de  Criminología en España es justo señalar el 12 de marzo de 1903. De la mano de un  decidido defensor del correccionalismo, como fue Rafael Salillas, entra en vigor un Real Decreto con el que se crea la Escuela de Criminología, que comenzaría a funcionar en el  1906 y cuyo objetivo era el de “facilitar los conocimientos necesarios y declarar aptos a  los alumnos que aspiran a ingreso en el Cuerpo de Prisiones y al ascenso de la sección  auxiliar a la -sección- técnica del mismo”.

Ciertamente que, unos años antes, en 1899, se había creado un laboratorio para  investigaciones criminológicas de la mano de Francisco Giner de los Ríos; sin embargo,  este Proyecto no nace con vocación de crear una institución permanente, sino que se  concibe como un centro temporal para la realización de trabajos diversos. Jiménez de  Asúa lo describe así: “En el último año del pasado siglo, don Francisco Giner de los Ríos  crea —como antes recordamos— el Laboratorio de Criminología, en su cátedra de  Filosofía del Derecho de la Universidad de Madrid. No es como el Museo de Lombroso,  ni como las prácticas de ‘clínica criminológica’ propuestas en los Congresos  internacionales antes citados, un centro de experimentación, sino vivero de  investigadores. Lo que a Giner le preocupa es la Pedagogía correctiva. ... El Laboratorio  de Criminología de Madrid en cuyos trabajos asocia Giner a la figura prócer de Salillas,  tiene escasa vida. Sus publicaciones se reducen a unos Anales, de los que sólo apareció  un pequeño volumen…En ese Laboratorio está el germen de la Escuela de Criminología,  que renueva la teoría y la práctica penitenciaria en España. La creó Rafael Salillas en  1903 y vivió años fecundos, regida por un espíritu común entre sus Profesores» (Tratado  de Derecho penal. 2º Edic. Tomo I. Pga.219-220)

A pesar del tiempo transcurrido la evolución de la Criminología en España y sus  estudios vendrían condicionados por ese origen jurídico-penitenciario; por ello, no debe  extrañarnos que, a diferencia de lo que sucede en otros países en los que la Criminología  nace al calor de otras ramas del saber, como la Medicina (en Italia) o la Sociología (en  USA), los posteriores hitos en la creación de una red de institutos universitarios de  Criminología en España se produjeran sin excepción al amparo de las Facultades de  Derecho. 

El Instituto de Salillas se cerró en 1926 y durante la II República y los primeros  años del Régimen de Franco no hubo nuevos centros. No obstante, es de reseñar que en  plena Republica se creó un Instituto de Estudios penales que como su nombre indica aspiraba a cubrir las necesidades docentes e investigadoras de las ciencias penales en su  conjunto. La guerra Civil pone freno a este desarrollo y nada sucede en el periodo de la  postguerra. 

La década de los sesenta del pasado siglo iba a caracterizarse por ser un momento  de fuerte expansión de las ciencias sociales en España y, consiguientemente, un momento  de creación de numerosos institutos, que iban a terminar definiendo el modelo  universitario de este tipo de centros. Los institutos de Criminología jugaron un papel  relevante en esa misión definitoria de la organización universitaria. En el año 1963 se  creó la Escuela de Criminología en la Facultad de Derecho de Barcelona, que llegó a  contar con un museo criminológico, con el auspicio del catedrático de Derecho penal de  dicha Universidad, el profesor Octavio García Victoria. Apenas un año después, se crea  el Instituto de Criminología en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense,  igualmente, impulsado por el titular de la catedra de Derecho penal el profesor Juan del  Rosal Fernández. Ambos institutos ponen en marcha desde su creación unos estudios de  Criminología de varios cursos, cuyo objetivo principal era alimentar de juristas criminólogos el sistema penitenciario del país. Sin embargo, profesionales de distintas procedencias, especialmente, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, también se vieron  interesados por estos estudios. La experiencia docente era muy fructífera y novedosa,  porque se convirtieron las aulas de los estudios de Criminología en foros de debates interprofesionales y multidisciplinarios. Un modelo de enseñanza poco experimentado en  aquella época. 

En 1968 se crea un Instituto en la Universidad de Valencia y, unos años después, otro, con sede en San Sebastián, denominado Instituto Vasco de Criminología, fundado  en 1976 por el Profesor Antonio Beristain Ipiña, que obtuvo su reconocimiento formal  por O.M. de 14 de julio 1978 (B.O.E. 4-11-78). Después se fueron creando los de Alicante, Autónoma de Barcelona, Castilla- La Mancha, La Laguna, Murcia, Oviedo y Salamanca.

Las últimas universidades españolas en incorporar institutos de Criminología  fueron las andaluzas. El Decreto 182/1990, de 5 de junio crea el Instituto Andaluz  Interuniversitario de Criminología, el primero que propone una dimensión  interuniversitaria. Poco tiempo después la Consejería de Educación de la Junta de  Andalucía publica en el BOJA la Orden de 5 de noviembre de 1990, por la que se aprueba  el Reglamento del Instituto, cuyo art. 1 dice que es “un centro de investigación científica, técnica y de especialización”. Esta tardanza tendría, a la postre, ventajas porque nuestro Instituto se iba a alimentar de la experiencia obtenida, durante los lustros anteriores, en el  resto de las universidades. El Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, con  sedes en Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Sevilla, nace de una serie de encuentros de  los profesores Juan Terradillos Basoco, por Cádiz, Horacio Roldán Barbero, por Córdoba,  Lorenzo Morillas Cuevas, por Granada, José Luis Diez Ripollés, por Málaga y Borja  Mapelli Caffarena, por Sevilla. 

El Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología era a la vez un centro  coordinado y diverso, adaptado a la multidisciplinariedad, que caracteriza la  Criminología, pero evitando que la misma se terminara convirtiendo en una atomización  localista que perjudica el avance en el desarrollo de esta rama del saber. Los responsables  ofertaron desde el comienzo un curso homogéneo de tres años de duración, en el que se  iba a inspirar posteriormente el grado de Criminología, el cual fue impulsado de forma  destacada por nuestro Instituto andaluz. Si la homogeneidad, hasta donde sea  conveniente, es un valor positivo de los estudios universitarios, la diversidad y autonomía  es un compromiso del quehacer científico. Ambas directrices estaban suficientemente  garantizadas en nuestro Instituto. La mejor prueba de ello es que por sus aulas han pasado  en estos años miles de alumnos, con una oferta de más de veinte títulos universitarios de  ciencias criminológicas y afines, y que las cinco secciones -hoy, convertidas en cuatro, por la desaparición de la Sección de Córdoba- han desplegado una actividad investigadora  sin precedentes en nuestro país. Proyectos nacionales e internacionales en colaboración  con otros institutos, estudios empíricos, revistas de divulgación científica, congresos y  otra numerosísima cantidad de eventos convierten al Instituto Andaluz Interuniversitario  de Criminología en un centro de referencia a todos los niveles.